10 febrero 2014

¿Pesadilla en la cocina? Algunos comentarios sobre el barómetro de enero del CIS.

El barómetro del CIS de enero ha suscitado una cierta polémica al situar al PP 5,5 puntos por delante del PSOE, a pesar de figurar claramente por detrás en los indicadores directos. Al respecto, Óscar López, secretario de Organización de los socialistas, declaró: “no sabemos si es máster chef o pesadilla en la cocina del PP en el CIS".

¿Se le ha ido la en la cocina al CIS? ¿O la estimación mantiene la pauta del resto de estimaciones? ¿Hay una consigna política para mantener al PP por delante del PSOE y, en tal caso, es esta una estrategia (de manipulación, por otra parte) correcta?

Me gustaría señalar, antes de nada, que las encuestas del CIS son las más fiables de todas las que se realizan en nuestro país, tanto por el tipo de muestreo (presencial en los hogares de las personas entrevistadas) como por el tamaño de la muestra (2.500 entrevistas) y el consiguiente margen de error manejado (±2,0%). Esta institución ofrece, además, una serie de datos históricos de inestimable valor para cualquier investigador social. Además, y en un impagable ejercicio de transparencia iniciado en la etapa anterior, permite acceder a las matrices de datos de todos los estudios que realiza. Que dure, por tanto.

Pero entremos en harina con esta primera tabla.















El PP obtiene en el barómetro de enero de 2014 el 10,8% del voto decidido, es decir, en respuesta a la pregunta “Suponiendo que mañana se celebrasen elecciones generales, es decir, al Parlamento español, ¿a qué partido votaría usted?”. Este porcentaje es la tercera parte (¡la tercera parte, casi 20 puntos menos!) del que obtenía en octubre de 2011, un mes antes de celebrarse las elecciones en las que obtuvo mayoría absoluta, cuando señalaban a este partido 3 de cada 10 personas ).

Los resultados del PSOE tampoco son espectaculares, pues su voto directo es un punto superior al del PP, si bien solo 6,1 puntos menos que en octubre de 2011, cuando reunía al 17,9% del voto decidido.

Por su parte, el 7,1% declara que votaría a IU y el 4,6% a UPyD, que de este modo subirían claramente respecto a octubre de 2011, cuando sumaban el 4,5% y el 2,3%, respectivamente.

Con estos mimbres, hace 2 años el CIS estimó, tras pasar estos datos por la cocina, los siguientes resultados: PP 46,6%, PSOE 29,9%, IU6,2% y UPyD 2,9%. Sobreestimó a los dos primeros e infraestimó a los dos últimos, como se ve en el siguiente cuadro, aunque sin equivocarse excesivamente en ningún caso.

De esta tabla quisiera llamar la atención sobre un dato que frecuentemente se olvida y que me parece esencial. Fíjense en la fila que hemos añadido de total voto válido: 2 de cada tres personas han contestado a la pregunta del CIS señalando alguna opción de voto, por lo que la cocina tenía que “limitarse” a predecir el comportamiento de 1 de cada 3 electores. Observen ahora el siguiente cuadro resumen del barómetro de enero de 2014.


Fijémonos de nuevo en esta fila de voto válido: apenas algo más de la mitad del electorado manifiesta su opción de voto, por lo que la cocina del CIS tiene que desentrañar la conducta de casi la mitad del cuerpo electoral. Esto explica, en parte, los ridículos porcentajes de voto que obtienen PP y PSOE y que ni IU ni UPyD terminen de despegar en el indicador de voto decidido.  Este hecho aumenta exponencialmente, también, la probabilidad de que las estimaciones sean erróneas.

Analicemos ahora la tercera columna de ambas tablas, en la que se representa la diferencia entre el voto directo y el voto estimado. Como se puede apreciar, en octubre de 2011 al PP le otorgaron +16,1% (una predicción exacta hubiera sido sumar 14,1 puntos al voto directo). Es decir, dos tercios del porcentaje que le estimaron se fundamentó en una variable sólida, el voto decidido. En enero de 2014 se invierten las proporciones: dos tercios del voto estimado del PP provienen de la “cocina”, esto es, de la estimación de voto a partir de otras variables distintas de la intención directa. Aun así, solo obtendría el 32% del voto válido.

Por su parte, la estimación del voto del PSOE no es tan diferente en octubre de 2011 y en enero de 2014: suman al voto directo 12 y casi 15 puntos, respectivamente. Por tanto, más de la mitad del voto estimado en enero procede de variables distintas al voto decidido.

En el caso de UPyD, el voto decidido es de 4,6%, idéntico porcentaje que se le suma a través de otras estimaciones para dar un voto final del 9,2%.

Por último, IU sería el menos beneficiado por el modelo de estimación. En voto directo obtiene un 7,1% de los sufragios (es decir, solo 3,7 puntos menos que el PP y 4,7 menos que el PSOE) que únicamente se verían incrementados en 4,2 puntos tras pasar por la cocina.

Así pues, ¿estamos ante un caso de pesadilla en la cocina, como sugiere Óscar López?

En el actual contexto social, político y económico, todo parece indicar que los anclajes de voto tradicionales han sido dinamitados y que, por tanto, los modelos de predicción que han funcionado más o menos correctamente durante los últimos lustros podrían no ser válidos actualmente. Estamos atravesando un momento de cambio e indefinición, pero no sabemos hacia dónde: los modelos predictivos son relativamente fiables mientras las variables que los sustentan permanecen más o menos inalteradas, pero la actual crisis lo ha cambiado absolutamente todo.

En este sentido, puedo entender las críticas que se han hecho desde la dirección socialista, pues a priori no parece muy justificado que el partido que aparece un punto por delante en intención directa pase a estar 5,5 por detrás. Pero en lugar de pensar en manipulación de los datos, prefiero pensar que se han usado modelos predictivos (tal vez forzándolos un poco en ciertas ponderaciones) que probablemente ya no sean del todo válidos.

No obstante, si fuera Óscar López no me preocuparía en exceso porque, si alguien ha decidido manipular o forzar los datos de tal forma que el PP aparezca engañosamente por delante en las elecciones, el efecto que podría tener sobre el electorado bien podría ser el inverso: cuando un partido está realmente sumido en una tendencia bajista, darle más intención de voto de la real podía aumentar su tendencia bajista, antes que cambiar dicho escenario.

Sí me preocuparía, en cambio, el voto directo y la posibilidad, muy real, de que el actual ciclo bipartidista estuviera a punto de saltar por los aires. Los dos principales partidos afrontan dos riesgos, a cada cual más negativo para sus expectativas: el primero, que la abstención alcance un récord histórico y la legitimidad del sistema se resquebraje todavía más, escenario en el que probablemente podrían mantener su posición de dominio con cierta comodidad; el segundo, que gran parte del electorado sumido entre la indefinición, el desencanto y la deserción (indecisos, abstencionistas, votantes en blanco) decida dar su voto a alguna de las múltiples alternativas, ya más consolidadas (IU, UPyD, Equo) o de reciente aparición (Podemos, Vox, Partido X, etc.).


Todavía quedan casi dos años para las elecciones generales, una eternidad en términos electorales. Si fueran mañana, como se pregunta en estas encuestas, mi percepción es que ocurriría un auténtico terremoto electoral. 

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