13 julio 2009

En memoria de Manoli Pérez Sequeiros

Estaba entrando en el coche. Acababa de salir de la piscina. Eran las nueve menos veinte. Tenía una llamada perdida de Mari Carmen de una hora antes. “Qué raro, si hoy sale a las diez”, pensé. Llamé suponiendo que no me cogería, pero después de varios tonos descolgó. “Hola”, estaba seria. “Hola, ¿pasó algo?", pregunté. No recuerdo bien sus palabras anteriores, sólo cuando dijo “Murió Manoli”. Fue como recibir un puñetazo en la boca del estómago. “¿Qué Manoli?”, pregunté estúpidamente. Cuando me confirmó lo obvio, traté de imaginar que era un error, que estaba en el hospital, que aún había alguna esperanza.

Uno siempre siente tristeza cuando se muere un ser querido. Si además lo hace antes de tiempo y de modo totalmente imprevisto, a la tristeza se suma un sentimiento de total impotencia y de profunda pena. Por no haberte despedido, por no haber hecho aquella llamada, por no haber hablado más, por no haber disfrutado más de su presencia... En momentos como este, uno siente un intenso deseo, casi una imperiosa necesidad de creer en esa ficción cristiana del Cielo. Desde luego, allí es donde estaría ella si existiese.

Conocí a Manoli hace unos siete años. Por entonces yo empezaba a dar vueltas con la tesis y tenía bastante tiempo libre (aún vivía con mis padres y ese tipo de cosas que hacen la vida muy sencilla), así que cuando Pepe Leira me invitó a participar en un estudio que la universidad iba a comenzar con el Ayuntamiento de Narón para estudiar la situación de las mujeres dije que sí sin pensarlo. Ella era por entonces concejala de Asuntos Sociales, Mujer y Juventud y para mí era un motivo de orgullo reunirme con alguien así (¡nunca me había reunido con nadie que ocupara un puesto como ese!). Desde el principio hubo una conexión especial entre los dos, poco importaba el cuarto de siglo que nos separaba. Su carácter amable y alegre, su sencillez, su compromiso social, sus ganas de hacer cosas que mejoraran la vida de la gente de Narón y lo bien que me recibía siempre hicieron que pronto congeniáramos. Desde entonces hemos compartido algunos proyectos, muchas charlas animadas y una amistad y cariño realmente especiales.

Recuerdo perfectamente el último día que te vi, hará unos dos meses. Yo tenía una reunión en el ayuntamiento y justo antes de entrar nos encontramos. Como siempre, tenías la mejor de tus sonrisas para recibirme. “¿A que está guapo mi Carliños? Es que lo quiero un montón”, comentaste. Te importaba poco que hubiera gente o no, siempre decías algo así cuando nos veíamos. Aunque por vergüenza a veces me lo callara, sabías bien que era un sentimiento recíproco. Aquel día no podías quedarte a la reunión porque tenías cosas que hacer. “Pero hablamos otro día, ¿vale?” me dijiste en un hasta siempre disfrazado de hasta luego. “Claro, cuando tú quieras”, te contesté.

5 comentarios:

  1. Lo siento mucho Carlos. La primera rueda de prensa que cubrí como periodista fue de Manoli. No me unía un vínculo tan cercano, pero me da mucha tristeza.

    Ánimo, mañana te llamo.

    Un abrazo,

    Carlos

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  2. Hola Amigo.Estamos muy Tristes,palabras como estas nos llenan de Orgullo,ese hermoso legado de Virtudes a su Paso..¡¡Muchas gracias por tus Palabras Hermosas que la Describen tal y como era Sencillamente Maravillosa,una Mujer Bandera.Entre muchos mas Valores que la adornaban .Un Abrazo.

    Familia en Venezuela-Maria Jose Otero Sequeiros,sus sobrinos Juan Bernardo y David Alejando Perez Otero

    In Memorian-Manoly
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  3. Maximiliano Abella10 sept. 2009 17:34:00

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  4. Síntoo moito. Non tiven o pracer de coñecela, mais agardo que o estudo de Narón saia todo segundo o previsto e que lle poidamos facer a mellor das dedicacións.

    Unha aperta

    Xaquín

    P.D. Por certo, moi bo a redacción, só hai un erro, en lugar de cristina é cristiana. É que cando non son os meus fallos os collo ao voo. je

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  5. Entendo moi ben todo o que dis, e ao ler a túa entrada veume a memoria inmediatamente aquel fatídico domingo da primavera de 1978. Tampouco eu quería crer o que me decía meu irmán Paco por teléfono. ¿Ramón? ¿Que Ramón?
    Ramón, ¿que Ramón ía ser?
    O meu tío,o meu mellor amigo que tiven na miña vida.
    Tiña 41 anos e unha saúde de ferro.
    Sonche cousas.

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