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Julia Navarro y lo políticamente correcto

Julia Navarro se ha apuntado a la moda "popular" del “sin complejos”. Esta moda consiste en sacar la lengua a pacer bajo la excusa de una pretendida valentía que rompe con lo “políticamente correcto”. He de reconocer que lo “políticamente correcto” no es algo que me atraiga en exceso, más bien al contrario. Pero una cosa es ser (o pretender ser, más bien) “políticamente incorrecto” y otra decir las mayores barbaridades que se te pasen por la cabeza con la excusa de que no estás bajo el influjo de lo “politically correct”. Los defensores del “pensamiento duro” suelen fantasear con lo “libres” que son (suelen autoproclamarse liberales, ciertamente), en oposición a la tiranía progre de decir sólo aquello que se debe decir sin que nadie se sienta molestado. Y en ese ejercicio confunden habitualmente el tocino con la velocidad, sacando a relucir toda la ignorancia que tan bien tenían custodiada cuando estaban calladitos.

Veamos un ejemplo de pensamiento duro anti-políticamente correcto.

“Seamos sinceros de una vez, ya está bien de permanecer callados mientras los maricones se creen que todo el monte es orégano. El matrimonio gay es una aberración, todo el mundo sabe que los maricones son unos viciosos, que lo suyo es una perversión antinatural, que no son normales. Por tanto, se les debe tratar de otra manera”.

El último artículo de Julia Navarro “Leónidas, mon amour”, publicado en el nº 419 del suplemento Mujer Hoy (semana del 21 al 27 de abril) es otro claro ejemplo. En este caso no habla de homosexuales, sino del “eje del mal”, del que sitúa sus orígenes en los antiguos persas, todo ello con la excusa de la película esta, 300.

Dice Julia Navarro sin ruborizarse que en las Termópilas, en el 480 a.C., “se libró una batalla decisiva para Occidente. En realidad esa batalla la perdimos”…

[¿la perdimos? ¿quiénes?... tal vez asustada por su propio uso de la primera persona del plural, la periodista añade justo a continuación, tras una coma]

“quiero decir, la perdieron los que allí lucharon”… ahhh, menos mal, la perdieron los que allí lucharon, ya pensé que habían sido mis abuelos. Pero el “perdimos” ya quedó dicho. Podría haber prescindido de escribirlo. Podría haberlo borrado una vez lo vio en la pantalla de su ordenador y dejar únicamente: “En realidad, esa batalla la perdieron…”. Pero lo mantuvo. La filiación ya quedó trazada. Tal vez sea poco serio decirlo, pero somos descendientes directos de los griegos, nos viene a decir.

Más adelante afirma que la citada película ha hecho correr “ríos de tinta (…) a cuenta de los que quieren ser políticamente correctos”. Tate, aquí está el tema. ¡¡¡No considerar que Jerjes, rey persa, es el padre intelectual de Bin Laden es ser un progre trasnochado políticamente correcto!!!

Pero atención, porque lo mejor está por llegar. En un ejercicio de aznaridad delirante (sobre la visión de Aznar de la Historia, véanse entradas anteriores), Julia Navarro afirma:

“Habida cuenta de lo que es la antigua Persia hoy (…) me estremezco al pensar qué habría sido de nosotros sin esos héroes de la antigua Grecia. Seguramente yo no podría escribir este artículo, llevaría la cabeza cubierta o iría escondida debajo de un burka… tiemblo al pensarlo”

Bufff, te te estremecerás, pero lo que es yo he tenido un shock al leerte, Julia. No sé por dónde empezar a comentar este párrafo. De hecho, no sé si merece la pena hacerlo. Desde luego, con esta visión de la Historia de cómic de Superman dudo que se pueda pasar el Bachillerato. En defensa de Julia Navarro, hay que decir que ella estudió Historia cuando Pelayo era un héroe nacional y los moros unos moromierdas fanáticos e incultos que habían invadido Espaaaaaaaaaaaaaaaaña coñío en el 711 y los Reyes Católicos y su reinado el ejemplo del poderío español y nuestra supremacía intelectual. Qué coño, que se lo pregunten a los quechuas (bueno, o a los judíos… o a los musulmanes… o a los flamencos (de Flandes, quiero decir)… bueno, hay alguna excepción, vale).

Como decía, hay gente que confunde el tocino con la velocidad. Julia Navarro ha sido no sólo políticamente ignorante, incorrecta, quiero decir (véis: yo podría haber borrado el ignorante y dejar sólo el incorrecta: ha sido una decisión, como la suya cuando dejó el “perdimos”), sino históricamente “presentista” e intelectualmente “esencialista”.

Ha caído en el más burdo presentismo, al verter en sus juicios sobre la Historia muchas asunciones y preconceptos adquiridos en la experiencia actual. En su razonamiento no sólo desplaza la visión del choque de civilizaciones a los pretéritos tiempos de los persas, sino que se sitúa del lado de los (que siempre habrían sido) defensores de la democracia (por supuesto, nosotros). No duda en atribuir a los orientales rasgos que sólo fueron comunes en aquellos territorios tras la expansión del Islam siglos más tarde cuando afirma y, como se ve, no tiene reparos de ningún tipo en identificar de forma clara Occidente con libertad y Oriente con fanatismo. En el caso concreto de este rinconcito del mundo que es la Península Ibérica, cuando esto ocurría “nosotros” corríamos por los montes en taparrabos con poca idea de lo que era la polis o la democracia, la filosofía, las matemáticas, la medicina y otros asuntos menores que ya florecían por otros pagos. Años más tarde también atravesamos experiencias no excesivamente democráticas a lo largo de la Edad Media, la Edad Moderna y la Edad Contemporánea (Inquisición, monarquía absoluta, por mencionar dos). Pero es que incluso cuando Julia Navarro estudiaba en la escuela la visión de la Historia que ahora nos transmite, España no era precisamente un paraíso de libertades, cultura y progreso. Particularmente en “nuestro” caso, los períodos de este tipo han sido la excepción y no la regla a lo largo de la Historia, y ello sin necesidad de haber estado sometidos bajo tiranías orientales.

Y también ha caído en el perverso dogma del esencialismo. En un momento en el que muchos intentan dividir el mundo en buenos y malos, arrogándose la facultad de imponer la etiqueta correspondiente por medio de la fuerza si es preciso, intentar “esencializar” ambos bloques (creer que siempre han sido lo que son, que son características culturales intrínsecas e inmutables) es un ejercicio no ya de maniqueísmo y falsedad, sino de irresponsabilidad, sobre todo cuando uno tiene la función de crear opinión pública.

Al final, resultará que los primeros Homo que llegaron a Europa desde África (sin papeles, por cierto) lo hacían escapándose de los malos, que se quedaron en África y se expandieron por el Oriente...

Comentarios

  1. Eche o que hai. Por un lado están os do Eje do Mal, e polo outro están os bos.
    De momento.
    No futuro, cando fajan en todas partes como en Irak, só quearán os bos. Daquela terán que revisar o concepto para establecer outra vez dous bandos.
    E así sucesivamente.

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  2. Boísima a tua exposición do tema. Desde logo, espero que como cho lea, non te acuse de machista, que con estes nunca se sabe. ¿Conocerá Julia a Omar Khayán?

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  3. Moitas gracias Suso...
    Home, que queres que che diga, que me acusara de machista non deixaría de ser coherente na súa incoherencia xeralizada. Aínda que realmente tería que ter as torcas moi mal axustadas para facer tal. Penso que estes autoproclamados liberais (se Stuart Mill levantara a cabeza!), defensores do "pensamento forte", chamaríanme máis ben "progre de medio pelo", "buenista", defensor da alianza de civilizacións, relativista, pro-islamista... Evidentemente, hai que tomar as cousas de quen veñen!
    Penso que Julia (xunto con outros seguidores da escola aznaril-bushiana) non coñecerá a Omar Khayán, nin tampouco a Ibn Jaldún, considerado por moitos fundador da Socioloxía (ou uns dos seus xermes) alá polo século XIV, época na que a "xente peninsular" descoñecía o hábito da hixiene, e na que penso que as mulleres cristiáns estaban pouco emancipadas (salvo que Julia Navarro me corrixa), mesmo a pesares da fabulosa heroicidade dos gregos fronte aos persas!! (jejeje).

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  4. Meu filliño, teño un reto para ti no meu blog.
    Si che peta, claro

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  5. Non se durma, que queremos de aprender.

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