Boísimo o vídeo de Gadis da súa serie Vivamos como galegos. Non sei se xa ten un tempo ou é novo. En todo caso, paréceme excepcional.
É posible que a quen non sexa galego/a e non sinta esta terra ben adentro non lle diga nada e mesmo lle pareza algo estúpido. Pero a aqueles que a levamos ben dentro na alma, máis alá de ideoloxías de calquera signo, debería cando menos emocionarnos... e facernos sorrir. A mín fíxome sentir estas dúas sensacións, así que quero compartilo con todos vós.
Por certo, xa lles gustaría aos partidos políticos facer un spot electoral a metade de bo que este: conectar coa xente, empatizar, crear sentimento de pertenza e comunión, facerte sentir parte de algo más grande...
"Que difícil é ser orixinal! Por que non inspirarse en algo xa feito que tivera éxito?"
Iso deberon pensar no equipo de campaña de Sebastián Piñera, candidado a presidente de Chile pola Coalición Por El Cambio. E claro, se algo tivo éxito ultimamente no mundo da comunicación política foi Obama e a súa campaña (e precampaña) en 2008. Así que nada, localizada a fonte de inspiración, so queda inspirarse... e ter un pouquiño de morro e non moita vergoña.
Aquí está un dos vídeos de Obama, animando á xente a que se inscribira no censo electoral para poder exercer o seu dereito ao voto.
E aquí está o resultado do excepcional traballo do equipo de Sebastián Piñera animando ao mesmo...
Hai tempo que lin este conto, e xa daquela gustárame ben. Hoxe recibino novamente no meu correo e decidín compartilo aquí con aqueles de vós que aínda non o teñades visto. Son distintos modelos económicos resumidos nun par de frases e que recollen a esencia ás veces bastante mellor que grosos e eruditos tratados teóricos...
Persoalmente, fanme máis chiste os modelos do burocratismo, economía iraquí e capitalismo moderno.
Socialismo: Tú tienes 2 vacas. El estado te obliga a darle 1 a tu vecino.
Comunismo: Tú tienes 2 vacas. El estado te las quita y te DA algo de leche.
Fascismo: Tú tienes 2 vacas. El estado te las quita y te VENDE algo de leche.
Nazismo: Tú tienes 2 vacas. El estado te las quita y te dispara en la cabeza.
Burocratismo: Tú tienes 2 vacas. El estado te pierde una, ordeña la otra y luego tira la leche al suelo.
Capitalismo tradicional: Tú tienes 2 vacas. Vendes una y te compras un toro. Haces más vacas. Vendes las vacas y ganas dinero. Luego te jubilas rico.
Capitalismo moderno: Tú tienes 2 vacas. Vendes 3 de tus vacas a tu empresa que cotiza en bolsa mediante letras de crédito abiertas por tu cuñado en el banco. Luego ejecutas un intercambio de participación de deuda con una oferta general asociada con lo que ya tienes las 4 vacas de vuelta, con exención de impuestos por 5 vacas. La leche que hacen tus 6 vacas es transferida mediante intermediario a una empresa con sede en las Islas Cayman que vuelve a vender los derechos de las 7 vacas a tu compañía. El informe anual afirma que tu tienes 8 vacas con opción a una más. Coges tus 9 vacas y las cortas en trocitos. Luego vendes a la gente tus 10 vacas troceadas. Curiosamente durante todo el proceso nadie parece darse cuenta que, en realidad, tú sólo tienes 2 vacas.
Economía japonesa: Tú tienes 2 vacas. Las rediseñas a escala 1:10 y que te produzcan el doble de leche. Pero no te haces rico. Luego ruedas todo el proceso en dibujos animados. Los llamas ‘Vakimon’ e incomprensiblemente, te haces millonario.
Economía alemana: Tú tienes 2 vacas. Mediante un proceso de reingeniería consigues que vivan 100 años, coman una vez al mes y se ordeñen solas. Nadie cree que tenga ningún mérito.
Economía rusa: Tú tienes 2 vacas. Cuentas y tienes 5 vacas. Vuelves a contar y te salen 257 vacas Vuelves a contar y te salen 3 vacas. Dejas de contar vacas y abres otra botella de vodka.
Economía china: Tú tienes 2 vacas. Tienes a 300 tíos ordeñándolas. Explicas al mundo tu increíble ratio de productividad lechera. Disparas a un periodista que se dispone a contar la verdad.
Capitalismo americano: Tienes dos vacas. Vendes una y fuerzas a la otra a producir la leche de cuatro vacas. Te
quedas sorprendido cuando ella muere.
Economía iraquí: Tú no tienes vacas. Nadie cree que no tengas vacas, te bombardean y te invaden el país. Tú sigues sin tener vacas.
Economía india: Tú tienes 2 vacas. Las pones en un altar para adorarlas. Después sigues comiendo arroz al curry.
Economía suiza: Hay 5000000000 vacas Es obvio que tienen dueño pero nadie parece saber quién es.
Economía francesa: Tú tienes 2 vacas. Entonces te declaras en huelga, organizas una revuelta violenta y cortas todas las carreteras del país, porque tú lo que quieres son 3 vacas.
Economía neozelandesa: Tú tienes 2 vacas. La de la izquierda te parece cada día más atractiva.
Capitalismo italiano: Tienes dos vacas. Una de ellas es tu madre, la otra tu suegra, ¡¡maledetto!!!
Capitalismo británico: Tienes dos vacas. Las dos están locas.
Economía española: Tú tienes 2 vacas, pero no tienes ni idea de donde están. Pero como ya es viernes, te bajas a desayunar al bar que tienen el Marca. Si acaso, ya te pondrás a buscarlas el miércoles después del puente de San Aniceto.
Estaba entrando en el coche. Acababa de salir de la piscina. Eran las nueve menos veinte. Tenía una llamada perdida de Mari Carmen de una hora antes. “Qué raro, si hoy sale a las diez”, pensé. Llamé suponiendo que no me cogería, pero después de varios tonos descolgó. “Hola”, estaba seria. “Hola, ¿pasó algo?", pregunté. No recuerdo bien sus palabras anteriores, sólo cuando dijo “Murió Manoli”. Fue como recibir un puñetazo en la boca del estómago. “¿Qué Manoli?”, pregunté estúpidamente. Cuando me confirmó lo obvio, traté de imaginar que era un error, que estaba en el hospital, que aún había alguna esperanza.
Uno siempre siente tristeza cuando se muere un ser querido. Si además lo hace antes de tiempo y de modo totalmente imprevisto, a la tristeza se suma un sentimiento de total impotencia y de profunda pena. Por no haberte despedido, por no haber hecho aquella llamada, por no haber hablado más, por no haber disfrutado más de su presencia... En momentos como este, uno siente un intenso deseo, casi una imperiosa necesidad de creer en esa ficción cristiana del Cielo. Desde luego, allí es donde estaría ella si existiese.
Conocí a Manoli hace unos siete años. Por entonces yo empezaba a dar vueltas con la tesis y tenía bastante tiempo libre (aún vivía con mis padres y ese tipo de cosas que hacen la vida muy sencilla), así que cuando Pepe Leira me invitó a participar en un estudio que la universidad iba a comenzar con el Ayuntamiento de Narón para estudiar la situación de las mujeres dije que sí sin pensarlo. Ella era por entonces concejala de Asuntos Sociales, Mujer y Juventud y para mí era un motivo de orgullo reunirme con alguien así (¡nunca me había reunido con nadie que ocupara un puesto como ese!). Desde el principio hubo una conexión especial entre los dos, poco importaba el cuarto de siglo que nos separaba. Su carácter amable y alegre, su sencillez, su compromiso social, sus ganas de hacer cosas que mejoraran la vida de la gente de Narón y lo bien que me recibía siempre hicieron que pronto congeniáramos. Desde entonces hemos compartido algunos proyectos, muchas charlas animadas y una amistad y cariño realmente especiales.
Recuerdo perfectamente el último día que te vi, hará unos dos meses. Yo tenía una reunión en el ayuntamiento y justo antes de entrar nos encontramos. Como siempre, tenías la mejor de tus sonrisas para recibirme. “¿A que está guapo mi Carliños? Es que lo quiero un montón”, comentaste. Te importaba poco que hubiera gente o no, siempre decías algo así cuando nos veíamos. Aunque por vergüenza a veces me lo callara, sabías bien que era un sentimiento recíproco. Aquel día no podías quedarte a la reunión porque tenías cosas que hacer. “Pero hablamos otro día, ¿vale?” me dijiste en un hasta siempre disfrazado de hasta luego. “Claro, cuando tú quieras”, te contesté.